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Política

Masivo, popular o votado

En la «mesa chica cuentan» Por Simón Gonzalez Alegre

La Unión Cívica Radical decide sus estrategias políticas en convenciones, tanto provinciales cómo nacionales. Este sábado ocurrirá, de forma virtual, la de San Luis. Las decisiones serán, probablemente, objeto de la próxima columna. Mientras tanto es preferible comparar las formas de decisión del Justicialismo y del radicalismo, y que tan representativas son de sus votantes.

En los últimos días el embajador argentino en España, Ricardo Alfonsín, de origen radical declaró que espera que la UCR «vuelva a ser un partido popular». De esto se desprenden algunas incógnitas: ¿Cuándo dejó de ser un partido popular la UCR? ¿Es el PJ popular? ¿De masas significa popular?

Ana María Zubieta dice en su libro “Cultura popular y cultura de masas: conceptos, recorridos y polémicas” (2000) que cultura popular implica que hace referencia a las clases bajas, generalmente constituidas en base a un hecho fundante. Sobran ejemplos sobre el peronismo con políticas completamente “populares”, aunque eso vendrá más adelante.

La Unión Cívica Radical es definida por diversos autores como el “primer partido de masas”, y es el primero en haber ganado en elecciones con voto secreto, obligatorio y de todos los hombres mayores de 18 años. Es el espacio político que no participaba de las elecciones previo a 1916 por la falta de transparencia, pero a la vez, es el único que ganó elecciones durante la proscripción peronista (cuando el partido mayoritario no podía participar).

La historia radical tiene su refundación en 1983, y es probablemente el triunfo de Raúl Alfonsín el hecho sobre el cual se construye la militancia de cualquier “correligionario”. A pesar de vaivenes, la UCR siempre ha mantenido la convención como método de decisión, y es probablemente el partido que más democráticamente elija sus acciones electorales.

En 130 años de historia ni la alianza de 2001, ni la elección de 2003, ni el pacto de Olivos serán tan criticados por el ala “progresista” del partido cómo la alianza con Mauricio Macri. Hoy, en clave nacional, la UCR se ha convertido en un sello y en sedes para inflar globos.

Aunque no sea “popular” según la definición de Zubieta, quién escribe considera que la UCR actúa según lo que la mayoría de sus votantes pide. Esos electores de 1983 y de la mayoría de las elecciones venideras siguen teniendo un núcleo común que es el anti peronismo, aunque en provincias como San Luis hagan alianzas con el mismo. El radicalismo existe en contraposición a, ya no propone ni puede competir por dirigir los destinos del país.

Ahora y en vista de los recientes hechos sobre el apoyo bélico del gobierno de Mauricio Macri a la destitución de Evo Morales ¿Es democrático que un partido como la UCR haya formado parte de un gobierno que aportó armamento para la represión del pueblo boliviano, con el fin de perpetrar un golpe de Estado? ¿Con que cara pueden decir que son la democracia si no salen a repudiar esto inmediatamente? Sin mínimo un repudio a este acto, el radicalismo pierde todo componente democrático.

Al radicalismo la historia le ha reconocido la lucha contra el fraude previo a 1916, le ha perdonado la participación electoral en tiempos de proscripción, lo ha reconocido como refundador de la democracia en la figura de Raúl Alfonsín y ha dejado pasar el detalle de las leyes de obediencia debida y punto final. Incluso el gobierno de 2001 puede pasar desapercibido. Haber sido parte hasta el último día de un gobierno que aportó armamento a un golpe militar contra un gobierno que validó y revalidó su legitimidad, es imperdonable.

En la otra vereda el justicialismo tiene muy poca democracia en su funcionamiento interno, la última elección de candidatos por las urnas se realizó para decidir si el candidato debía ser Menem o Cafiero, en 1989. De ahí en adelante ha tenido rupturas y arreglos, hasta la tan ansiada unidad de 2019, pero nunca por decisión de los afiliados sino de los dirigentes.

En cuanto a la popularidad, es innegable la masividad ya que en la peor elección que pueda realizar queda segundo, pero lo popular es variable. Por lo pronto se puede esbozar que al haber gobernado mucho más tiempo y con altos porcentajes electorales, algo de popular existe.

¿Lleva adelante las políticas que sus votantes quieren? A priori si, el caudal electoral por encima del 35 o 40% es constante. La pregunta más grande radica en si el Estado peronista hace y el pueblo festeja, o si el pueblo pide y el gobierno efectúa. Su decisión más criticada es, justamente, la última decidida en internas.

El PJ suele decidir mediante “listas de unidad” que negocian los dirigentes, dejando a los “compañeros” de lado en las elecciones de las autoridades del partido y sus candidatos. De todas formas, con esa política ha conseguido, en el país y en San Luis, mayoría en el poder legislativo a lo largo de algunos ciclos. Por lo que, puede entenderse, que la dirigencia consigue también interpretar a sus afiliados.

Al peronismo la historia le perdona la participación de Perón en el golpe del 30, le reconoce los derechos laborales y el voto femenino, no le deja pasar nunca el adoctrinamiento entre 1952 y 1955, y la oposición no le reconocerá nunca que fueron parte (como partidos) del derrocamiento y de la sangre derramada con los bombardeos a plaza de mayo. Los 90 nunca se le perdonarán, ni desde adentro ni desde afuera. Finalmente, la etapa última será discutida en los libros de historia, por ahora solo sabemos que fue revalidada en las urnas.

Por último, hay partidos que se quieren llamar directamente populares, apuntando a la clase baja sin tapujos, como la izquierda. Estos dirigentes deciden entre tres o cuatro nombres los candidatos ¿Por falta de conocimiento de sus militantes o por falta de militantes? La izquierda argentina, con sus 3 o 4 puntos es menos popular que el PP español (otro tema que se analizará en próximas columnas).

Este análisis intenta poner sobre la mesa un tema que puede contribuir a un debate electoral un poco más profundo que la simple chicana. Nada garantiza que este objetivo sea logrado, pero desde esta columna el compromiso por intentar elevar el nivel de discusiones de los lectores se mantendrá firme. Lo, la, le invito a debatirlo.

simongonzalegre@gmail.com

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